Acapulco, Gro., 17 de septiembre de 2025.– El próximo 19 de septiembre se llevará a cabo el Segundo Simulacro Nacional 2025, un ejercicio que busca fortalecer la capacidad de respuesta de la población ante una emergencia. Sin embargo, especialistas y organizaciones civiles coinciden en que en México aún no existe una verdadera cultura de protección civil.
A pesar de que cada año se realizan simulacros a nivel nacional y que las alertas sísmicas forman parte de la vida cotidiana en varias ciudades del país, la participación ciudadana sigue siendo baja y, en muchos casos, meramente simbólica. En edificios públicos y oficinas privadas se observa a personas que salen con desgano, sin tomar en serio la dinámica, mientras que en espacios comunitarios y colonias populares la participación es casi inexistente.
La memoria del 19 de septiembre de 1985 y del 2017, fechas en las que la Ciudad de México y otras entidades del país vivieron devastadores terremotos, no ha sido suficiente para consolidar una cultura de prevención. La mayoría de la población no cuenta con planes familiares de emergencia, no sabe identificar zonas seguras en sus viviendas ni tiene a la mano una mochila de vida con documentos y artículos básicos.
Expertos señalan que la raíz del problema está en la falta de educación desde las escuelas, en la ausencia de campañas permanentes de información y en la desconfianza hacia las instituciones. “El simulacro se convierte en un trámite más, cuando debería ser un momento para ensayar cómo salvar la vida de millones de personas”, advirtió un académico de la UNAM consultado.
En contraste, países como Japón han demostrado que la disciplina, la capacitación y la participación activa de la sociedad son claves para reducir riesgos y salvar vidas ante fenómenos naturales.
El reto para México no solo es convocar a la gente a participar en un simulacro, sino generar una conciencia real de que la prevención es la única herramienta efectiva para enfrentar desastres. Mientras esa cultura no se asuma de manera seria y colectiva, los simulacros seguirán siendo ejercicios incompletos y, en gran medida, inútiles.
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