Ciudad de México, 17 de septiembre de 2025.– En su primer Grito de Independencia, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puso énfasis en reivindicar a las mujeres en la historia de México, al rescatar figuras como Josefa Ortiz Téllez Girón, a quien se le conoce tradicionalmente como Josefa Ortiz de Domínguez.
Sheinbaum argumentó que eliminar el “de Domínguez” es una manera de devolverles a las mujeres su identidad propia y no asociarlas únicamente al apellido de sus maridos. “Yo me lo preguntaba desde niña, por qué mi mamá firmaba como ‘de Sheinbaum’, pero las mujeres no somos propiedad de nadie”, dijo la mandataria.
En su discurso, también subrayó la importancia de reconocer a las heroínas, visibles y anónimas, que participaron en la Independencia y en otras luchas sociales, asegurando que este reconocimiento es fundamental para que las niñas sepan que la historia también les pertenece.
Sin embargo, la arenga presidencial no escapó a las críticas. Diversas voces señalaron que los cambios en el discurso y en los símbolos no se corresponden con transformaciones reales en la vida de las mujeres. Activistas feministas advirtieron que, aunque se reivindique a las heroínas en ceremonias oficiales, las mexicanas siguen enfrentando violencia machista, feminicidios, brechas salariales y falta de acceso a la justicia.
“Está bien que se reconozca a Josefa Ortiz con su apellido de soltera, pero lo urgente no es el nombre con el que se recuerda a una mujer de hace 200 años, sino la seguridad y el respeto a los derechos de las mujeres vivas hoy”, expresó una académica en estudios de género.
Para sus críticos, la inclusión de mujeres en las arengas patrias es un gesto simbólico que, aunque relevante en términos históricos, no basta para cambiar una realidad marcada por la desigualdad estructural. En ese contraste, el gobierno de Sheinbaum enfrenta el reto de demostrar que su discurso no es solo una narrativa feminista para el escenario político.
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