Mientras los pequeños comerciantes se esfuerzan en pagar sus permisos, licencias y cumplir con la ley, las grandes y medianas empresas en Chilpancingo han gozado durante años de privilegios e influencias políticas que les permiten evadir sus obligaciones sin consecuencia alguna. Gracias a sus conexiones en el poder, muchos de estos negocios operan sin pagar lo que les corresponde, afectando directamente las finanzas del municipio.
Licencias de funcionamiento, dictámenes de protección civil, uso de suelo… para los grandes no son requisitos, son simples trámites que «se arreglan por fuera». Esta red de impunidad ha sido tolerada por administraciones pasadas, generando una profunda desigualdad entre quienes más tienen y quienes más cumplen.
Los que sostienen la economía local, los micro y pequeños comerciantes, sí pagan. Hoy, el Ayuntamiento comienza a poner orden. Porque no puede haber justicia ni desarrollo si unos pocos siguen siendo intocables, y la mayoría sigue cargando con todo el peso.
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